sábado, febrero 24, 2007

SUMISION MENTAL . Sumisión perfecta

La sumisión mental es la gran desconocida dentro del BDSM, sin
embargo, en mi opinión, es la sumisión más importante, pues
cualquier tipo de sumisión acaba y empieza en la mente sumisa .

¿QUÉ ES LA SUMISIÓN MENTAL?

*Es ante todo un SENTIMIENTO AMOROSO. Una unión o fusión
intensa con el Amo.

*Es un ESTADO DE LA MENTE. Es decir, no es una entrega material
de algo tangible como ocurre con la “sumisión sexual“. Definir
qué es la sumisión mental es tan difícil como querer definir qué
es la alegría, la tristeza o el amor.

*Es una ACTITUD:Los que hayáis tenido hijos quizás comprendáis la
actitud de una madre con su bebé. Su bebé es “su“ vida. Está
atenta a él, lo siente en cada momento. Pues bien, la sumisión
mental lleva a la sumisa un sentimiento muy parecido con respecto
a su Amo.

*A medida que la sumisión mental aumenta, se produce un
sentimiento de PLENITUD y curiosamente un sentimiento de
LIBERTAD en la mente sumisa. Plenitud porque su mente esta
llena de amor hacia su Amo, y de libertad porque ha llegado a un
estado de sumisión en el que la confianza se ha instalado en su
corazón. Su mente está poseída por su Amo y esto la libera de dudas
y temores. Además la libera -al realizarse- de esa necesidad
profunda de entrega...“Nunca fui más libre que desde que tu
cadena me ata . Nunca volé más alto que desde que a tus pies me
arrodillo” (lena{DR})


*La sumisión mental es casi siempre un ESTADO más PERMANENTE y
que va más allá del ámbito de una sesión. A medida que su mente
está más sometida la persona sumisa se encuentra más llena y
poseída por su Amo en casi todo momento.

*Una sumisa me ha hecho especial incidencia en que el estado de
sumisión mental presupone CONFIANZA; ella dice:“La sumisión
mental yo la relacionaría con la persecución de esa confianza
ciega que borra de la mente las dudas. Una confianza profunda e
instintiva“ (lena {DR}) .

*Aunque siempre que haya sumisión de cualquier clase, habrá
sumisión mental de alguna manera, algún autor asocia la sumisión
mental a un estado de mayor entrega formal, es decir, es más
propio de ESCLAVAS que de sumisas. La esclava se supone no tiene
límites en su confianza y entrega. Se supone por tanto que su
mente esta más cerca de la sumisión mental que la sumisa que aún
tiene barreras en su entrega.

*Algunos autores asocian la sumisión mental a la SINCERIDAD y a
la entrega al Amo de todo lo que sucede en su mente sumisa. Esto
ya se da por descontado. Nadie puede imaginar la sumisión sexual
sin la entrega de su sexo. Nadie puede imaginar la sumisión
mental sin la entrega de lo que pase por la mente sumisa

ALGUNAS CURIOSIDADES QUE AYUDAN A COMPRENDER
QUÉ ES LA SUMISIÓN MENTAL

*LAS COINCIDENCIAS CON EL MISTICISMO RELIGIOSO. Si queréis
comprender con exactitud que es la sumisión mental llevada a su
máxima expresión, estudiad los textos del misticismo religioso.
Algún día, alguien tendría que estudiar las increíbles
coincidencias que hay entre el misticismo religioso -las reglas,
los niveles, el lenguaje, los nombres de algunas ordenes
religiosas etc- y nuestro mundo.

*LAS ESCENAS DE HUMILLACIÓN. Es curioso que algunos coincidan en
que las escenas de humillación aumentan enormemente el “estado de
sumisión“. Se explica porque la persona sumisa, al verse en la
aparente contradicción de disfrutar de humillaciones, la sitúa en
un estado de profunda humildad que posibilita a su vez una
entrega más limpia de dudas y barreras .

¿CÓMO SE LOGRA LA SUMISIÓN MENTAL DE LA PERSONA SUMISA?

Así como hay muchos textos sobre cómo lograr todos tipo de
sumisiones:En el movimiento, en la voz y sobre todo la sumisión
sexual, no he encontrado casi nada sobre cómo lograr la sumisión
mental.

La razón es muy sencilla: La sumisión mental se logra como
resultado de TODAS las sumisiones. No hay un camino o mejor dicho
sí lo hay, es el conjunto de todos los caminos los que al final
llevan a la sumisión mental. Por eso yo digo que la sumisión
mental es la sumisión de sumisiones y el destino final de todas
ellas.

En definitiva, he encontrado pocas TÉCNICAS DE ENTRENAMIENTO
específico de la sumisión mental. Aquí apunto alguna:

*Algún autor incide en la necesidad de INTROSPECCIÓN de la
sumisa, analizando su mundo interior, sus emociones, sus miedos,
sus dudas, meditando sobre cómo mejorar su comportamiento. Los
diarios se apuntan como un instrumento valioso en este sentido.
Estamos hablando de diarios en los que la sumisa refleja su mundo
interior, sus dudas, avances y retrocesos en su camino hacia la
sumisión. Estos diarios son efectivos si son revisados a menudo
por el Amo y la sumisa, comentando los obstáculos, los avances y
retrocesos hacia la sumisión perfecta.

*Las escenas de ADORACIÓN: La contemplación casi mística del Amo
es un ejercicio de sumisión mental.

*Se habla mucho en la red de un estado mental especial llamado
SUB-ESPACIO. Se suele experimentar durante una sesión SM
especialmente intensa y en él la persona sumisa entra en un
estado alterado de conciencia. Hay varios grados de subespacio.
Una sumisa llega a ser mucho más maleable a la dominación en esos
momentos, por ello algunos piensan que es un estado intensamente
sumiso . Tengo mis dudas sobre si esta experiencia aumenta el
grado de sumisión mental de forma permanente después de la
sesión, porque se ha de tener en cuenta que su estado está
provocado por unas substancias dopantes que el mismo cuerpo
segrega (endorfinas). Su discurso mental está alterado . No creo
que una experiencia de este tipo aumentara la devoción hacia su
Amo de manera tan significativa y permanente como el que sentía
durante la sesión .

Personalmente hay un procedimiento que he escogido del misticismo
religioso y que yo recomendaría:La MEDITACIÓN diaria y placentera
sobre el Amo, asociándolo siempre a sensaciones agradables. Las
cibersumisas ya lo hacen:Casi siempre se van a dormir pensando en
su Amo, asociando su imagen al estado placentero en que las ha
dejado la sesión que acaban de tener con Él. Asocian entonces la
imagen del Amo a algo tranquilo, luminoso y sobre todo bello. Es
una sensación de amor intenso .

*Por último quiero hacer especial hincapié en el tema ÉTICO. El
BDSM es un sistema de relaciones personales muy equilibrado. El
Amo recibe la entrega de la mente sumisa pero al mismo tiempo
carga con la responsabilidad de ser el digno recipiente de esa
entrega. Aunque en una relación BDSM el crecimiento personal ha
de ser mutuo, considero que el Amo, al poseer la mente sumisa
está especialmente obligado a ayudar en su crecimiento, de manera
positiva y en todos los aspectos.

Estoy hablando de auténticos Amos, personas responsables y
sanas, que se ganen el respeto de su sumisa por una actuación
ética, digna, no de patéticos payasos -que últimamente pululan
mucho por la red- que creen que ser Amo es escudarse detrás de un
látigo y decirle cuatro palabras soeces a la sumisa vengan o no a
cuento.

La sumisión mental es el estado superior y último de las
sumisiones, la más maravillosa y placentera de ellas, pero
también la más delicada y con más riesgo de sufrir daño.
Recomendaría a las sumisas que antes de hacer esta última y
definitiva entrega se preguntaran si su Amo se la merece por
haber ganado su respeto con una conducta ética y digna hacia
ellas .

ADVERTENCIAS FINALES

Puede que alguien piense que si una esclava se somete mentalmente
a su Amo, éste tiene derecho a usar su mente como quiera. Puede
decirle que piense como Él quiera, lo que Él quiera y cuando Él
quiera . Técnicamente desde el punto de vista de las reglas BDSM,
si la esclava ha hecho su entrega absoluta de manera libre y
voluntaria y el Amo NO actúa en contra de su salud mental, este
argumento es irrebatible.

El problema es que si seguimos por este camino hasta sus últimas
consecuencias entramos en un terreno resbaladizo y peligroso .
Puede que siguiendo esta senda y si se emplea mal, la sumisión
mental acabe convirtiéndose en un lavado de cerebro y entremos en
el lado auténticamente oscuro y deleznable del abuso .

Prefiero el concepto de sumisión mental como la comunión y
confianza absoluta en el Amo . Se trata de ese sentimiento
placentero de estar llena de Él en cualquier lugar, en cualquier
momento y en cualquier situación .

El Faro
elfarosm@yahoo.es

miércoles, febrero 21, 2007

FRASES QUE ME GUSTARON

Este va a ser quizá el único apartado en el que voy
exponer cosas que no he escrito yo (aunque también hay
frases mías) . Iré introduciendo frases a medida que
las vaya encontrando .


"Ningún Amo debería serlo sin ser antes Amo de sí mismo" (El
Faro)

"Mi alma necesita tanto mimo como mi cuerpo castigo" (Sumisa
anónima)

“El Amo seguro de su autoridad es flexible, porque no hay nada
más frágil que la extrema dureza, no hay autoridad más duradera
que la que se dobla pero no se rompe, la que se amolda pero no
cede, la que restringe pero no ahoga“ (El Faro)

“Un Amo es el que enciende velas en los oscuros rincones del alma
sumisa“ (Dragón)

"Una cosa es ser sumiso/a BDSM y otra tener carácter sumiso, las
dos cosas no tienen por qué ir unidas" (El Faro)

“A la tierra donde tu fueres yo iré, tu Patria será mi Patria y
tu Dios será mi Dios“ (Del Libro de Ruth)

“La persona sumisa no es un ser débil y sin opinión propia, su
voluntad no se destruye: se cede“ (lena{DR})

“Nunca fui más libre que desde que tu cadena me ata" "Nunca volé
más alto que desde que a tus pies me arrodillo” (lena{DR})

"No hay mayor esclavitud que la libertad no deseada, ni mayor
libertad que la esclavitud de una sumisa entregada ... "
(sayha)

“El collar mas importante es aquel que es invisible, aquel que se
lleva dentro y que se siente por encima de todas las cosas“ (Sir
Lancelot)

Algunos errores se corrigen a fustazos, otros, se corrigen con
palabras y comunicación (monique[V] )

Una sumisa no falla, sólo está mal educada (monique [V])

domingo, febrero 18, 2007

¿QUE BENEFICIOS APORTA EL BDSM?

El BDSM es un sistema estructurado y seguro para el ejercicio
del Sadomasoquismo y la Dominación/sumisión.

El BDSM contiene unas reglas y procedimientos propios, cuyo
cumplimiento evitan daños tanto físicos como psicológicos a quien
lo practica.

El BDSM a través de estas reglas y procedimientos permite la
satisfacción de necesidades profundas de Dominación/sumisión y
Sadomasoquismo que en mayor o menor grado suele tener el género
humano. Estas necesidades pueden tener diversos orígenes, pero su
satisfacción a través del BDSM produce efectos psicológicos mucho
más beneficiosos que su represión, ocultación e ignorancia.

El BDSM no va a curarle a Vd. nada, pero puede ser una válvula
 de escape para aliviar, al menos parcialmente, algún conflicto
 interior permitiéndole una vida más equilibrada y feliz. Si Vd. tiene
tendencia a ser dominante o sumiso se debe a una necesidad muy
profunda en su mente, de cuya causa Vd. seguramente no tiene ni
idea, pero la satisfacción de esta necesidad, si se hace bien,
con las debidas garantías, le producirá más beneficios y
equilibrio interior que mantenerla reprimida haciéndole daño. Es
más probable que le haga más daño el mantener reprimido lo que
realmente es, su verdadero yo, que si saca sus auténticas
necesidades a tomar el aire. Es más sano. El BDSM le permite
hacerlo con las suficientes garantías.

El BDSM le proporciona a Vd. además un espacio lúdico, porque
ante todo se trata de un juego . Un juego en el que cada uno de
los participantes ha adoptado un rol. Este rol termina cuando
acaba el juego . Alguna gente lo pasa tan bien que sigue en el
juego la mayor parte del tiempo, a esto se le llama “relación
24/7“ . Relación en la que una vez más, hay que aclarar, que no
constituye ningún riesgo si se hace bien, con sentido común y
siguiendo las reglas del BDSM .

NO es mi intención dar a entender que el BDSM por sí mismo
constituye un sistema terapéutico. La psicología clínica y la
psiquiatría moderna son las más indicadas para la cura de
auténticas enfermedades mentales. Tratar de curar autenticas
enfermedades mentales con el BDSM es tentar al desastre.

Sin embargo como he dicho, la práctica del BDSM cuando se hace
bien, con las debidas garantías, permite al menos, airear
pequeños conflictos o satisfacer ocultas necesidades que casi
todos -con más o menos intensidad- tenemos escondidas en lo más
profundo de nuestra personalidad, sin atrevernos la mayoría de
las veces a confesarlas, no sólo a los demás, si no sobre todo -y
ese es el auténtico problema- a nosotros mismos.

El Faro
elfarosm@yahoo.es

jueves, febrero 01, 2007

LOS BENEFICIOS DEL BDSM - (I) - La historia de Juan y María - EL CONFLICTO

El relato que sigue describe la historia de una pareja
atrapada en una relación destructiva no sólo en su vida
afectiva sino incluso personal. La pareja consigue superar el
infierno creado por ellos mismos, empleando para ello las
herramientas que el BDSM pone a su disposición.

Por supuesto se trata de un relato ficticio, pero parejas
como estas hay muchas. Son parejas para las que se ha acuñado
la frase “ni contigo ni sin ti“. Son parejas que han creado un
círculo cerrado del que les es imposible salir.

El relato plantea la posibilidad de si el BDSM podría
permitirles salir de ese infierno y hacer que su convivencia
fuera no sólo posible, sino también feliz


Es invierno, la tarde de un día cualquier en una ciudad
grande esta dando paso a la noche. Llueve cansinamente. En la
barra de un Pub elegante de las afueras, Juan, un hombre aún
joven, está sentado en la barra Viste una gabardina muy
arrugada y mojada por la lluvia. A pesar de la calidad de su
atuendo, su actitud, alguna que otra mancha y su barba de
varios días denotan un abandono propio del que ya no le importa
su aspecto. Inclinado sobre la barra con la cabeza apoyada
sobre sus dos manos mira hipnóticamente lo que será su tercer
whisky de la tarde.

En casa sabe que le espera una mujer que nada más entrar le
mostrará una vez más su máscara de odio y rencor, y él, sin
poder evitarlo, le responderá con igual odio. Una odio
cuidadosamente cultivado por años de convivencia desgraciada.
El licor le es imprescindible para enfrentarse a su esposa. Lo
malo es que también se está haciendo imprescindible para cual-
quier cosa.

Ensimismado piensa en el drama sin salida en que se ha
convertido su vida. Lo tenía todo. Había escalado su
privilegiada posición social de manera increíble. ¿Qué había
pasado?.

Cuando se casó con María creía que ya nada más podía pedirle
a la vida. Hasta sus sueños más queridos y los sueños de sus
padres se habían cumplido con creces. Él era de origen humilde,
hijo de uno de los capataces de la fabrica del que ahora era su
suegro.

Aún recordaba con nostalgia las visitas que le hacía a su
suegro de la mano de su padre. El patrono le pellizcaba las
mejillas mientras sonreía y le regalaba alguna chuchería. El
chico le caía bien, era vivaz, despierto. Pronto demostró una
aptitud especial para la mecánica, sin duda heredada de su
padre. Terminó sus estudios con becas y con la ayuda generosa
del patrono.

Cuando terminaba cada curso, siempre con excelentes
resultados, él iba ya adolescente al despacho de su suegro y le
enseñaba las notas con satisfacción Los caramelos habían sido
sustituidos por una estilográfica o un reloj, cosas que su
padre no podía permitirse. Juan veía en el patrono a su
segundo padre y el patrono veía en él al hijo que no había
podido tener.

Cuando llegaban las vacaciones escolares trabajaba en la
fábrica. Pronto demostró su valía. El patrono lo miraba con
ilusión. No se había equivocado al apostar por el chico. Lo
tenía decidido, cuando acabara la carrera lo podría al frente
del departamento técnico .

Cuando terminó sus estudios de ingeniería y como estaba
previsto el dueño puso a Juan al frente del mantenimiento de
la fabrica y lo confirmó con un abrazo en presencia de su
padre, éste derramó alguna lagrimilla de emoción y orgullo al
ver el abrazo que el patrono dedicaba a su hijo.

Pasaron los años. Su ascendencia sobre su suegro fue en
aumento y para su familia se convirtió en una especie de Dios
al que todos acudían. Familiares lejanísimo recordaban de
pronto su estirpe y llegaban hasta su casa pidiendo un empleo
que su hijo seguramente les podía facilitar. En su casa se
hablaba de Juan con respeto.

Un día ella apareció por la fábrica, se llamaba María, era
la hija del patrono, se rumoreaba que había estudiado en uno de
los mejores colegios de Francia y que había terminado una
licenciatura sobre arte y humanidades. Ahora volvía y todos
sabían que su madre tenía grandes esperanzas de casarla con
alguna de las grandes fortunas de la ciudad. Ni por asomo pensó
Juan que algún día sería su esposa, al fin y al cabo él sólo
era un ingeniero sin fortuna.

Lo que Juan no sabía, era que el padre de María hablaba día
sí otro también con admiración de un ingeniero al que incluso
había pagado sus estudios. Un estupendo chico al que no veía
mal como su futuro yerno. Su madre mostraba un mohín de
desprecio cuando su hija le preguntaba cada vez con más
curiosidad sobre él. Después de ella, su madre no habían podido
tener más hijos. Ella era la heredera y estaba destinada a
gente de buena familia, no a un ingeniero procedente de una
familia de obreros. Su padre se enfurecía al oír a su esposa.
Prefería mil veces a “su“ ingeniero, un chico que era capaz
tanto de hacer complicados cálculos como de ensuciarse de grasa
reparando los telares como un obrero más, mientras que esos
pisaverdes con fortuna que tanto le gustaban a su esposa, lo
mejor que sabían hacer era darle a una bolita en un campo de
hierba.

María miraba divertida a ambos. Creían que aún era una niña,
pero ella era una mujer madura y moderna y en cuanto a elegir
un hombre haría su santa voluntad, ni más ni menos.

Cada vez que visitaba a su padre, pasaba disimuladamente para
ver a Juan a través de los cristales de su despacho. María
tenía un aire desvalido que conseguía sacar de él su instinto
protector. Pasó poco tiempo para que ese instinto se
transformara en algo más profundo. Ella, cada vez más, pasaba
por su despacho. Quería demostrar que sus apariciones eran
casuales, pero él sabía que no era así.

Un día María entró en su despacho para decirle que su padre
le llamaba. Él la miró a los ojos, su mirada se mostraba más
sumisa que nunca, sabia que era suya, tenía experiencia, sabía
cuando una mujer se le había rendido. Sin pensarlo la besó,
ella se dejó hacer, sin decir nada, sin mover un músculo,
totalmente entregada.

Tres meses más tarde se casaron aunque con gran disgusto por
parte de su madre: “Ese patán -decía a su esposo hará infeliz
a nuestra hija como tú me has hecho a mí“. Él sin embargo
estaba feliz, era como el hijo que siempre había deseado tener
y que un día dirigiría la fabrica que iba a heredar su hija. No
podía pensar en otro hombre mejor para su María. Su boda fue la
sensación y la comidilla de toda la burguesía de la zona.

Al principio, la pareja funcionó bien, pero bien pronto
empezaron los problemas hasta convertir su convivencia en un
infierno. Pronto el sexo desapareció de su matrimonio y el
afecto o la ternura pasaron a ser sólo un recuerdo lejano en el
tiempo. Cada vez que Juan intentaba acercarse a ella, María
sufría una angustia inexplicable. Sus relaciones sexuales,
mientras las tuvieron, estuvieron cada vez más llenas de
angustia y desasosiego y cada vez más terminaban en gritos y
discusiones.

Juan no podía explicarse qué le pasaba a su esposa. Era una
mujer culta e inteligente, aparentemente sana. No se explicaba
el porqué de su comportamiento, pero lo cierto era, como le
confesó ella en algún momento de tregua, que ni ella misma lo
sabía.

Él no recordaba ya a cuántos consejeros matrimoniales y
psicólogos habían acudido. Nada podía romper el drama que les
atenazaba. Era increíble lo que les ocurría. Muchas veces
tomaron la decisión de separarse, una de ellas incluso llegaron
hasta el bufete del abogado. Pero al cabo de un tiempo ella
volvía dócil, sumisa e implorante apelando siempre a su
instinto protector para seducirlo una vez más. Juan no entendía
por qué misteriosa razón no podía resistirse. Temía además
desilusionar a su suegro, al que tanto quería y que tanto le
había dado. Temía perder su posición social y sobre todo temía
por toda su familia que tanto confiaba en él.

A la misma hora en que Juan se encontraba en el Pub, su
esposa se encontraba en el dormitorio delante de una bebida
dulzona. Era una soldado más de ese ejército secreto de
bebedoras vergonzantes. Al principio bebía por la noche para
escapar al momento en que él llegara, pero ahora bebía por
cualquier cosa. El alcoholismo llamaba a la puerta.

Tras varias tragos de licor intentó dormir, pero no pudo
María recordó una vez más las circunstancia que le llevaron a
la situación actual...

Ella era hija única. Cuando María nació su madre quedó
estéril, no pudo darle a su marido el hijo que tanto esperaba,
el que heredaría su fortuna y dirigiría la fábrica. Aquello
amargó las ya malas relaciones que el matrimonio mantenía. Por
su parte la esposa sabía de las aventuras de su marido con las
empleadas de la fabrica, eran la comidilla de la ciudad. Las
discusiones eran agrias.

A veces cuando María era aún pequeña, los gritos de su padre
la despertaban. Ella presenciaba desde lo alto de la
balaustrada de la escalera, aún agarrada a su muñeca, como su
padre gritaba e insultaba a su madre. La mayoría de las veces
la niña lloraba, espantada por la violencia verbal que su padre
empleaba. Cuando él se daba cuenta dejaba inmediatamente de
gritar a su esposa para subir presuroso a consolar su
“princesa“, la “niña de sus ojos“. La cogía en sus brazos y la
llevaba a su dormitorio en donde con gran ternura y dulces
palabras, la acunaba hasta que se dormía.

Mecida por su padre, la niña se debatía entre dos
sentimientos contrapuestos, odiaba a su padre por el maltrato
al que sometía a su madre, pero al mismo tiempo anhelaba la
calidez y la seguridad de estar entre sus brazos. Se sentía
culpable por recibir tantas atenciones de un padre que había
hecho llorar de humillación a su madre.

Lo que su padre no sabía, es que mientras mecía a su hija,
estaba acunando en ella un gran sentimiento de culpa por
haberle seducido para que la acunara, para que se ocupara de
ella mientras su madre quedaba abajo llorando, al mismo
tiempo que lo odiaba por el maltrato al que sometía a su madre.
Este conflicto por ser repetitivo anidó y se desarrolló en su
interior hasta formar un complejo de amor-odio. Este complejo
marcaría un modelo de conducta que afectaría para siempre su
sexualidad y su manera de amar.

María raramente podía mantener relaciones sexuales con su
marido y si las mantenía estaban llenas de angustia y
terminaban con rechazos, discusiones y hasta peleas. Le gustaba
el juego de implorar su protección (cómo un día hizo con su
padre tras la balaustrada de la escalera), para luego
rechazarlo con odio, el mismo odio que un día sintiera por su
padre. Al final se odiaba también a sí misma por lo que hacía.

Después de cada reconciliación solía haber un corto espacio de
felicidad, pero al cabo de unos días invariablemente volvía el
odio irracional que les consumía.

(Continúa...)

El Faro
elfarosm@yahoo.es

LOS BENEFICIOS DEL BDSM - (II) - La historia de Juan y María - RESOLUCION

Aquella noche fue especial, cuando Juan entró en la casa casi
borracho, tuvo por fin el valor de decirle que esta vez sería
él, el que la dejaría, le gritó a su mujer que definitivamente
habían terminado, al día siguiente él haría las maletas y se
iría a vivir a casa de sus padres, lo tenía decidido.

Aquello enfureció de tal manera a su esposa, que traspasando
las barreras de años de exquisita educación, sus manos aferra-
ron un cojín y golpeó a su marido con él. Cuando Juan notó el
golpe, no se lo pensó dos veces y se lo devolvió con otro cojín
que tenía a mano. Se enzarzaron a gritos como siempre, pero
esta vez había algo diferente, además de violencia verbal había
violencia física. Ambos encontraron un placer desconocido en
desahogar su rabia con los golpes. Así siguieron hasta que
agotados se dejaron caer rendidos sobre la cama.

Ella fue la primera que se dio cuenta que algo había
cambiado. María lo miraba de manera diferente. Obnubilada por
los vapores del alcohol le dio un beso furtivo. Pronto estaban
haciendo el amor de una manera como hacía mucho tiempo ya no
recordaban.

Al día siguiente se repitió la escena pero esta vez ella no
dudo desde el principio en usar el cojín Él vaciló al principio
pero pronto la imitó.

Durante los siguientes días nada había cambiado
sustancialmente, pero la tensión entre los dos había
disminuido.

Al final, e inevitablemente el infierno se desató de nuevo.
Como si de una ceremonia se tratara, los cojines volvieron
hacer su aparición. Esa noche volvieron a hacer el amor, esta
vez sin angustia y sin reproches.

Al día siguiente, María se levanto con una idea fija, sabía
muy bien lo que tenía que hacer. Llamó a una amiga y le pidió
usar su chalet aislado en las afueras. Ella en tono
confidencial le preguntó con quién era la aventura, quién era
el afortunado. Su amiga puso cara de incredulidad al decirle
que era para ella y su marido. Pero lo que verdaderamente le
causó extrañeza fue la pregunta de que si en la casa había
cojines, muchos cojines. Asombrada le dijo que sí y que ese
mismo día le traería las llaves.

Lo que su amiga no sabía es que María, mujer inteligente, se
había dado cuenta que había una conexión entre el relativo
bienestar que ahora disfrutaba con su marido y sus batallas de
alcoba. Estaba dispuesta a explorar este camino, estaba
dispuesta a hacer cualquier cosa para salvar su matrimonio,
pero para ello necesitaban un sitio tranquilo a salvo de las
habladurías de vecinos y del servicio.

Con un gesto que en adelante sería habitual, María fue a
buscar a su marido a la fabrica. Él se extrañó mucho pero no
dijo nada. Su instinto le decía que algo estaba cambiando entre
los dos. Le seguiría la corriente, no tenía nada que perder y
sí mucho que ganar Cuando llegaron, él creyó entender porqué su
esposa le había llevado al chalet de su común amiga. Tenía la
secreta esperanza de que le habría llevado allí para, en un
ambiente muy distinto, prepararle con sus propias manos una
cena íntima que terminaría maravillosamente en la cama. Hacía
mucho tiempo que aquello no ocurría, pero se decía, últimamente
las cosas habían mejorado bastante...

En contra de sus esperanzas, y una vez dentro de la casa,
ella entre risas empezó otra vez el juego de agredirlo con los
cojines. Pronto empezó a insultarlo, primero en broma, para
luego hacerlo con ira.

Exasperado, Juan notaba como la rabia le atenazaba el
estómago. Sus esperanzas se habían esfumado. Ahora constataba
que su esposa le había llevado allí sólo para insultarlo y
agredirlo. Estaba harto del juego. Esta vez la iba a castigar y
no precisamente con cojines, ya no le importaba nada.

Cegado por la ira la empujó de manera tan violenta que ella
cayó en el suelo. Sin pensarlo, se quitó la correa y empezó a
golpearla. La sorpresa de María fue tan grande que no supo como
reaccionar, pero a medida que los golpes caían sobre ella, algo
muy profundo subía de su interior hacia su consciente, algo
poderoso. Era un sentimiento de entrega y sumisión hacia
quien demostraba su poder al final de aquella correa. Sentía
que cada golpe la liberaba más y más a medida que la hacía más
entregada.

Al poco tiempo se apoderó de Juan una sensación horrible que
le heló las entrañas De pronto tuvo la certeza de que acababa
de hacer algo prohibido. Juan paró en seco. Definitivamente
había maltratado a su esposa. ¿Qué dirían sus suegros?. ¿Qué
dirían todos cuando ella fuera a casa de sus padres a
enseñarles las señales que él había dejado en su piel?. Su
suegro al que tanto temía disgustar montaría en cólera contra
él. Su suegra le faltaría tiempo para reprochárselo a su
marido: “ya te lo dije yo, ¿qué podía esperarse de un patán
como ese?“. Sería la vergüenza y el fin de todo. Lo que tanto
temía se había producido, sabía que algún día no podría
contenerse.

Pero de pronto, notó que algo se agarraba con insistencia a
sus piernas. Ensimismado no se daba cuenta que era su propia
esposa la que estaba tirada a sus pies. Al mirar hacia abajo la
vio agarrada a sus piernas mientras gritaba “pégame, hazlo otra
vez“.

Su estupefacción no tenía límites. Pero sobre todo lo que más
le sorprendió era el sentimiento de poder mezclado con el
placer que el azotar a su esposa le proporcionaba. Nunca había
sentido nada parecido, no tenía ni idea que aquellos
sentimientos vivieran en su interior. Además ¿qué tenía ya
que perder?. Y si ella le pedía insistentemente que
continuara...No se lo pensó dos veces...y continuó.

De pronto para su extrañeza se dio cuenta que estaba muy
excitado, su sexo tenía una erección tan fuerte que incluso la
sentía dolorosa. Arrastró a su esposa hacia la cama donde la
tiró violentamente. Asombrado vio la expresión de intensa
excitación de ella. Le urgía que la hiciera suya cuanto antes.
Él no se hizo rogar. María tuvo varios orgasmos antes de que él
tuviera el suyo. Definitivamente había entrado en un mundo
totalmente inexplicable para él. No entendía nada de lo que
pasaba, sólo sabía que le gustaba.

Exhausto sobre la cama, la primera reacción de Juan fue
disculparse con ella, pero cuando empezó a hablar María puso la
mano en su boca para decirle que ella nunca había disfrutado
tanto como en esa noche. Él se calló. Ahora sí que no entendía
absolutamente nada.

De camino a casa los dos estaban pensativos. Ella meditaba
sobre lo que había ocurrido. María, más culta que él, sabía lo
que pasaba, se había dado cuenta de sus necesidades
sadomasoquistas, se había dado cuenta que su marido había
disfrutado tanto como ella. Para ella evidentemente se trataba
de una enfermedad, había oído hablar de ella. ¿Se encontraban
enfermos?. ¿Estarían locos por sentir esas cosas?. Su primera
intención fue visitar al médico de la familia. Si se trataba de
una enfermedad él tendría algo que decir.

De pronto se dio cuenta con terror que no podía hacerlo. ¿Cómo
iba a decirle a un amigo de la familia que ella, la niña
inocente, exquisitamente educada, le gustaba ser golpeada y
humillada, y además -¡Dios mío¡- en el colmo de la degradación,
¡había disfrutado sexualmente de ello¡.

¡Y sin embargo se sentía tan bien¡. Se sentía liberada. Se
sentía nueva, llena de vigor, de buen humor y sobre todo sentía
una gran ternura como hacía mucho tiempo no sentía hacia su
marido. Si aquello era una enfermedad se parecía mucho al
cielo. No, no podía decírselo a nadie, tenía que averiguar ella
sola qué solución tendría su problema, sin ayuda de nadie.

Al día siguiente y tras dar un beso a su asombrado marido
que se fue a trabajar pensando que estaba en un sueño del que
en cualquier momento iba a despertar, empezó a navegar por la
red, no para mirar su correo, si no para averiguar en
profundidad qué era esa “enfermedad“ del sadomasoquismo y hasta
que punto podía perjudicarlos. Estaba preocupada.

Lo primero que encontró, fueron innumerables páginas intensa-
mente pornográficas, que previo pago prometían dejar ver
imágenes increíblemente sádicas. De pronto le entró pánico.
¿Aquello era lo que a ella le gustaba?. ¿Es que llevada por su
enfermedad acabaría consintiendo que le hicieran esas cosas tan
horribles?.

Sin embargo poco a poco se dio cuenta que habían otras
páginas que no le pedían dinero para ser vistas. Su propósito
era más bien didáctico, su contenido era mucho más razonable y
además empezó a encontrar cada vez más unas siglas que le
intrigaron:“BDSM“. ¿Qué era aquello?.

Encontró algunas páginas que lo explicaban. “El BDSM es un
sistema estructurado y seguro para el ejercicio del
Sadomasoquismo y la Dominación/sumisión“, leyó. O sea que
según estas páginas, no sólo no estaban locos, sino que se
podía practicar lo que les gustaba sin peligro para su salud
mental.

Además encontró un montón de gente con sus mismos gustos que
se escribían, que hablaban entre sí en foros y chats,
comentaban cosas que ella sentía, con sus mismas dudas y
certezas, unas veces de manera divertida y otras sesudamente.
Aquella gente no sólo no parecía estar loca sino que además se
hablaban o discutían de una manera educada y respetuosa.

María y Juan fueron conociendo y comprendiendo cada vez más y
mejor esas necesidades profundas que tenían y cuya satisfacción
no sólo no les perjudicaba, sino que además resultaba
enormemente beneficiosa para su matrimonio.

Caminando por los infinitos caminos virtuales de la red,
pronto hicieron amistad con gente de su misma tendencia,
algunos incluso acuciados por sus mismos problemas . Lo que en
principio parecía sólo cosas de locos y depravados se convirtió
en algo normal , cotidiano y beneficioso para sus vidas .

(Continúa...)

El Faro
elfarosm@yahoo.es

LOS BENEFICIOS DEL BDSM - (III) - La historia de Juan y María - ÉXTASIS

Un día de verano, como otras veces, María había ido a
buscarlo a la fábrica. Lo encontró en la sección de telares. Él
la miró, estaba preciosa, llevaba un vestido de tela ligera que
la cubría por completo pero que dejaba adivinar claramente las
formas de su cuerpo, sus zapatos de tacón alto la hacían más
incitadora y sensual.

Los empleados que ayudaban a su marido empezaron a mirarse
sonriendo con complicidad. La hija de dueño había experimentado
un cambio increíble en los últimos meses. De ser un fantasma
doliente se había convertido en una real hembra llena de
sensualidad.

María no dijo nada, se quedo mirando a su marido como hacía
últimamente, con esa mezcla maravillosa de devoción y sumisión.
Se sabía bella, atractiva, pero al mismo tiempo su mirada
prometía a quien iba dirigida, una sumisión y entrega
infinitas. Esta actitud provocaba en su marido un intenso
sentimiento de protección y amor. Y ella lo sabía.

Juan terminó con prisas lo que estaba haciendo y despidió a
los empleados hasta el día siguiente mientras se quitaba a toda
prisa el mono de trabajo. Intuía que su mujer había preparado
alguno de sus “juegos“ y estaba impaciente por saber qué se le
había ocurrido esta vez.

Ella conducía, él tenía curiosidad por saber donde irían hoy.
Condujo el coche por caminos vecinales hasta la zona de los
arrozales. Era agosto, por la ventanilla entraba el olor húmedo
del agua estancada de los campos de arroz en donde ya
despuntaban las primeras plantas formando una inmensa llanura
verde a lo largo de kilómetros. El calor, la humedad, el
atardecer y el olor especial del agua creaban un ambiente de
sensualidad.

Tras un corto viaje llegaron a una casa de campo situada en
el límite entre los campos naranjos y los de arroz que se
extendían hacia la gran albufera. Pertenecía a su familia desde
los tiempos de su abuelo, cuando aún no había huerta y todo era
una mar de arroz. Apenas la visitaban y era un lugar solitario.


La tarde era deliciosa. María conectó el aparato de música
del coche. Bajaron los dos, se quitó los zapatos y se acercó
hasta la orilla del arrozal. Se abandonó a la sensualidad de la
música, moviéndose ensimismada, con los ojos cerrados.
Intencionadamente se puso de espaldas al sol poniente. Él
observó la silueta de su cuerpo que se transparentaba a través
de su vestido. Le excitaba, la deseaba. Al ritmo de la música
ella se quitó lentamente el vestido hasta quedar desnuda.

Moviéndose con sensualidad entró en el campo de arroz. Sus
pies fueron hundiéndose en el barro, saboreando con sus pies la
textura y la humedad de su contacto. Luego pidió a su marido
que se desnudara y que entrara también en el arrozal.

Extrañado, pero al mismo tiempo seducido y excitado, no se
hizo rogar. Dejó la ropa en la orilla y cuando llegó a su
altura la abrazó. María se dejó hacer, pero cuando intentó
besarla él notó su rechazo, notó como ella jadeaba presa de la
contradicción interior que la atenazaba. Una vez más jugaba al
viejo juego de desearlo y seducirlo, para luego rechazarlo.

A pesar de que las cosas habían mejorado mucho, aún a veces,
se oía el rugir del conflicto interior que la impedía gozar
libremente. Como otras veces él noto que su mujer convertía
en rechazo el afecto que le daba.

Pero Juan ya sabía lo que tenía que hacer, sabia cuál era el
juego. Un sonoro bofetón la hizo perder el equilibrio cayendo
de bruces sobre el barro. Dos pasos hacia la orilla le
permitieron recoger su cinturón. Cuando volvió encontró a su
esposa que yacía sobre el fango.

Juan empezó a azotarla con su correa al mismo tiempo que
desgranaba una serie de insultos hacia ella. Sabía que era lo
que ella esperaba.

Ella recibía los golpes con evidente placer mientras su
cuerpo rodaba disfrutando del contacto del barro. Él la
insultaba después de cada azote mientras ella se retorcía como
si quisiera sentir en cada centímetro de su piel el contacto
viscoso del fango .

María experimentaba uno de esos escasos momentos en que se
sentía libre, auténticamente libre. Su culpabilidad se sentía
expiada, redimida por la humillación y la degradación a la que
la sometía su marido, la suciedad del barro y el placentero
dolor que lo azotes le proporcionaban. Por unos momentos, las
barreras de culpabilidad que la impedían gozar plenamente
desaparecieron y le permitieron experimentar una gran
excitación. Se sentía totalmente entregada a su esposo, al
dolor o el placer que él quisiera darle. Ahora todo encajaba,
todo coincidía, el círculo se había cerrado.

Él sintió la necesidad imperativa de penetrarla. Con cada
embestida parecía que quisiera atravesar sus entrañas mientras
ella arrastraba su cabeza por el barro.

El orgasmo les alcanzó casi simultáneamente estallando en sus
gargantas con un enorme grito, un grito de animal herido. Era
el grito de gran monstruo, del gran conflicto interior que
salía por fin a respirar, a tomar aire. Un grito desgarrador
que se extendió por el arrozal provocando que las aves que
contemplaban la escena desde los árboles más cercanos,
emprendieran el vuelo asustadas.

Los dos cayeron exhaustos sobre el barro, inmóviles mirando el
cielo.

Pasado un tiempo él la recogió con sus fuertes brazos y la
llevó a la balsa de riego, en donde, tras descender por las
escalones de piedra, se sumergieron en el agua.

Con el agua fría ella pareció renacer mientras Juan la
limpiaba con ternura Era un acto lleno de simbolismo. María se
sentía nueva, renacida. Ella le correspondió dándole un beso
tierno y suave. Una vez fuera de la balsa él la vio feliz, pero
totalmente desvalida, como una recién nacida incapaz de valerse
por sí misma. Juan la secó y la deposito con delicadeza sobre
la hierba.

Ahora él conducía. María apoyada en su pecho lo miraba
dulcemente, sumisa y satisfecha. Los dos quedaron en
silencio, meditando una vez más sobre la complejidad de su
interior. El monstruo interior seguía allí, pero cada vez se
hacía menos exigente. Ahora dormía tranquilo en lo más profundo
del inconsciente de ella. Algún día volvería a despertar, pero
para entonces otros juegos de placer estarían esperándolo para
conjurarlo una vez más.

Sabían que si sus padres, maestros y algunos amigos supieran
lo que habían hecho, lo desaprobarían.. Pero a ellos no les
importaba en absoluto; esas “cosas” las habían hecho de mutuo
acuerdo, habían salvado su matrimonio, les habían salvado del
alcohol y les habían permitido por fin ser felices juntos.

El Faro
elfarosm@yahoo.es